Los consumidores españoles no tienen conciencia medioambiental

29.03.2011 | Entrevistas

Directora de la Fundación Entorno. La importancia de un Observatorio. Compatibilidad entre el desarrollo económico y la protección del medioambiente. Eficiencia energética. La importancia de las pymes.


¿Por qué surgió la idea de crear la Fundación Entorno y cuáles han sido sus principales promotores?

La Fundación surge hace once años a partir de que un grupo importante de empresas públicas españolas tuvieran una atención más enfocada a sus efectos medio ambientales. Posteriormente, la fundación ha ido evolucionando, se han añadido empresas que le han dado más actividad, dinamismo y variedad en los temas. Hasta el momento, tenemos veinte empresas colaboradoras de todas los ámbitos, entre ellas Eroski, Ferrovial, Gas Natural, Acciona, etc., y trabajamos con un gran número de pymes.

La sostenibilidad es otro de los objetivos básicos de la Fundación, hasta el punto de que tiene un Observatorio para tal efecto. ¿Por qué es tan importante?

Al conservar los recursos naturales podremos mantener un cierto nivel de desarrollo económico. El modelo de desarrollo que ha servido a Europa o EEUU no va a servir a los países en vías en desarrollo. Hay que cambiar los modelos, de manera que haya para todos, que se mantenga la biodiversidad de la que tan poco se habla. Para que siga habiendo recursos, hay que trabajar con toda sociedad. Asimismo, tenemos un foro sobre construcción sostenible. No es tanto que el ciudadano regule la calefacción de sus casas o encienda la luz sólo cuando haga falta, que está muy bien, sino que pensamos que la construcción de las casas tiene que ser energéticamente más eficiente. Hay que trabajar con promotores, constructores, con quien vende la casa al ciudadano.

¿Qué conclusiones principales ha extraído el Observatorio?

La empresa española evoluciona favorablemente hacia posiciones más modernas en el ámbito medioambiental, y se ha frenado el incumplimiento de la legislación. Hace 10 años incumplían sistemáticamente la legislación medioambiental. Hoy en día no es así, aunque todavía se incumple en muchos sitios, en las pymes más todavía, probablemente. Habría que dar un nuevo paso: implicar al consumidor. La empresa sirve a un mercado regulado por las administraciones públicas, pero se debe a lo que los consumidores piden. Sin embargo, los consumidores españoles no piden con suficiente claridad productos ambientalmente correctos, ni llevan un modo de vida consciente de los temas medioambientales. Cuando una persona se compra un coche, no hay que preocuparse tanto por la potencia, sino por cómo se ha construido, si las piezas son reciclables o qué emisiones contaminantes tiene.

¿Hacia dónde quiere caminar la Fundación de cara al futuro?

Seguir trabajando intensamente como hasta ahora e incorporar otras 100 pymes para el año que viene, porque quiero crear una importante plataforma muy dinámica y concienciada, que no existe en este momento en España, con la colaboración de las cámaras de comercio, asociaciones empresariales y comunidades autónomas.

Uno de los objetivos de la Fundación es hacer compatible el desarrollo económico con la protección del medio ambiente. ¿Hasta qué punto la realidad lo permite?

Las empresas con las que trabajamos son líderes en el mercado y en los aspectos medioambientales y de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), lo cual quiere decir que estar en primera línea en los aspectos medioambientales no les ha supuesto una barrera, sino una ventaja competitiva. Les ha ayudado a tener enfoques estratégicos de futuro; han visto lo que el consumidor va a pedir en el futuro y se lo han dado. Medio ambiente, RSC y negocio van muy unidos. No conozco un solo caso de empresario que por cumplir con el medio ambiente e ir más allá incluso, adoptando voluntariamente más medidas medioambientales, haya fracasado o gane menos dinero.

¿Cuáles son las líneas de trabajo de la Fundación que mejor acogida tienen?

Entre las grandes empresas, las memorias o los informes de sostenibilidad. Aunque sólo hay en España 48 ó 49 empresas que los hacen, de esas al menos 20 trabajan con la Fundación. La intención de las empresas de abordar este tema no deja de crecer, también en las pymes. La Fundación, el BBVA e Iberdrola han publicado una guía de implantación de memorias de sostenibilidad para pymes que desmitifica lo que es hacer esa memoria, puesto que se cree que es una cosa complicadísima cuando no lo es. Y seguimos siendo muy activos en formación: tenemos por ejemplo un campus empresarial con la Generalitat Valenciana, con más de 20 cursos distintos a lo largo de todo el año. La formación también la hacemos a requerimiento de las empresas y en ese sentido hay empresas como el BBVA, Iberia, o Endesa, con las que trabajamos con éxito. Y luego estamos muy involucrados en los temas de eficiencia energética. Aunque la Administración ha lanzado un programa de ahorro y eficiencia energética muy completo, no viene mal el apoyo de organizaciones como la nuestra.

¿Cómo pueden las empresas conseguir la tan ansiada eficiencia energética?

Por cuestiones de coste, las empresas son eficientes en todo lo que pueden. Todavía hay margen de mejora mediante la innovación y la aplicación de nuevos diseños y productos, que es en lo que trabajamos.

¿Cree que las empresas tienen carencias formativas en el aspecto medio ambiental?

El 60% de las empresas españolas dice que una de las barreras y por eso le damos tanta importancia. En la Comunidad Valenciana, donde más intensamente hemos trabajado, se nota mucho. En otros lugares como el País Vasco, donde estuve hace poco presentando programas en la Cámara de Comercio de Bilbao, observé también mucho interés.

¿Tienen las empresas interiorizado el respeto y mejora del medio ambiente?

Las que se han visto abocadas por la presión de la ley, desde hace 15 años, grandes multinacionales, cementeras, químicas, empresas de productos eléctricos y electrónicos, etc. sí están concienciadas, tienen departamentos muy potentes de medio ambiente y ahora de RSC, y respetan la ley y la mayoría toma decisiones voluntarias. Una gran empresa sabe que si contamina, si incumple la ley, si pone en peligro a la población, se le caerá el pelo. Ahí el consumidor sí es implacable, inmediatamente discrimina a esa empresa y no compra sus productos. Hablamos también mucho de la contaminación de la industria, pero no hablamos de la contaminación de la agricultura y la ganadería, ¿qué pasa por ejemplo con los residuos de las granjas de cerdos, o de las avícolas? Por otra parte, una pyme que no siente el ojo de la inspección o el ojo público tan cercano puede ser más contaminante, y muchas pequeñas pueden contaminar mucho. Por ello, en las pymes, que en España cubren un espectro muy amplio, hay mucho que hacer. Aquí la gran empresa tiene también que ayudar, por ejemplo, poniendo en contacto a organizaciones como la Fundación Entorno con sus proveedores y contratistas, porque es la manera más fácil de llegar a las pymes.

La pyme es por lo tanto clave para la protección del medio ambiente


Tenemos un programa “pyme” que acabamos de lanzar hace un par de meses y que tiene ya unas 75-80 pymes inscritas. Ofrece formación continua a técnicos y directivos, información sobre legislación ambiental y propuestas legislativas en curso tanto a nivel nacional como en la UE para conocer de antemano los asuntos de interés que se están “cociendo”, información sobre jornadas, eventos, ejemplos de pymes y de otras empresas de todo el mundo que han tenido resultados muy positivos tanto económicos como en su reputación, etc. Una de las principales barreras que muestra la pyme es, aparte de las económicas, la falta de personal y tiempo, y nosotros se lo intentamos dar. Cualquier pyme puede acceder entrando en el programa de asociados que supone el pago de 1.000 euros al año.

¿Qué países están más y menos concienciados?

Los países del Norte de Europa son los más concienciados, pero también es verdad que Alemania, Italia y Francia, en cuestión de opinión publica, están por delante de España. Un estudio reciente de la Fundación Entorno y otros informes que no son nuestros dicen que los consumidores españoles están muy poco o mal informados de las características ambientales de los productos que compran, y que en su decisión de compra influyen poco o nada esos aspectos. Falta la labor de las administraciones públicas, que deberían hacer más esfuerzo de información y concienciación del ciudadano: léase las etiquetas de los productos que compra, entérese de cómo están hechos, de si tiene algún distintivo que ofrece garantías medioambientales. Por ejemplo, las ecoetiquetas “Ángel Azul” de Alemania han tenido una difusión inmensa. Cuando la gente ve esa etiqueta en un producto sabe que es más correcto medioambientalmente que otros que no lo llevan y lo compran.

¿Cómo se convence a una empresa que contamina de que se trata de una decisión equivocada para sus intereses?

Con un sistema de inspección y de sanción muy rígido y exigente. A aquellos que incumplan la ley, que se les caiga el pelo y que se haga publicidad de ello. Y luego, explicarle que si no la cumple, su negocio además, a medio y largo plazo, seguramente desaparecerá porque está teniendo una actitud obsoleta, “muy cutre”. Por otro lado, aquellas que cumplen con la legislación porque no tienen más remedio, pero no ven una oportunidad de negocio, son nuestro objetivo. Se puede hacer dinero e incluso ganar más no sólo cumpliendo la ley sino también tomando decisiones voluntarias. La incorporación del sistema de gestión ambiental es lo primero que deben hacer y luego avanzar hacia análisis de su entorno y actividades, y realizar una memoria de sostenibilidad dependiendo de las características de la empresa.

(Fuente: Consumer)