Danone relanza su estrategia de sostenibilidad con metas a 2030 y mayor presión por resultados

En marzo de 2026, Danone presentó la segunda fase de su Impact Journey, con objetivos a 2030 organizados en tres ejes: salud a través de la alimentación, naturaleza y personas y comunidades. No es un punto de partida, sino una continuación. Y eso, en el sector alimentario, no es un dato menor: muchas estrategias ESG se diluyen antes de llegar a una segunda versión o reaparecen reformuladas sin demasiada rendición de cuentas sobre lo anterior.

El cierre del primer ciclo (2023–2025) deja números que sostienen el posicionamiento de la compañía en los rankings internacionales: calificación Triple A de CDP en clima, agua y bosques; nota AAA de MSCI ESG Ratings; presencia en el FTSE4Good Index Series. Son credenciales relevantes, aunque cada vez más discutidas por la falta de criterios homogéneos entre evaluadores.

El dato más disruptivo está en otro lado: la certificación global como B Corp, alcanzada en 2025. Más de 200 entidades legales y unos 90.000 empleados pasan a formar parte del sistema. En términos relativos, se trata de una porción significativa del universo B Corp global. Y ahí aparece una incomodidad que el propio ecosistema todavía está procesando: qué ocurre con un estándar pensado para empresas de propósito cuando uno de sus miembros tiene escala de multinacional.

La nueva fase de la estrategia reduce el campo de acción y prioriza tres frentes: nutrición, agricultura regenerativa y cadena de valor. El giro hacia una agenda más acotada parece alineado con el clima actual: menos anuncios, más foco. Pero también deja menos margen para la ambigüedad. A diferencia de la etapa anterior, donde el énfasis estuvo en construir posicionamiento, ahora el escrutinio se desplaza hacia resultados más concretos.

El contexto tampoco ayuda a lecturas complacientes. Las métricas ESG atraviesan un momento de cuestionamiento, las exigencias regulatorias aumentan y el término greenwashing dejó de ser marginal para instalarse en el centro del debate. En ese escenario, certificaciones y rankings ya no alcanzan por sí solos para sostener credibilidad.

La segunda fase del Impact Journey abre así un nuevo capítulo, pero también eleva la vara. La pregunta no es tanto si Danone puede liderar en sostenibilidad —eso ya lo ha hecho— sino si puede sostener ese liderazgo cuando el foco pasa de las promesas a las evidencias.