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"La Empresa B no le pone un techo al lucro"

14.09.2017 | Negocios Inclusivos y Sociales

Daniela Kreimer Directora Interina de Ashoka Argentina, Uruguay y Paraguay analiza en esta entrevista el panorama de las empresas sociales en la región y traza una línea de diferencia con el fenómeno de las empresas B como motor de nuevos negocios inclusivos en América Latina.


¿Cuáles considera que son los mayores desafíos para América Latina en materia de empresas sociales y de negocios inclusivos?

Uno de los mayores desafíos es la concientización. Todavía hay muchos sectores de la economía que desconocen que existen estos nuevos modelos de negocios. Creo que es fundamental incluir estos asuntos en las universidades. Creo que todo profesional en su etapa de formación universitaria tiene que saber que existen estos nuevos modelos económicos para poder tomar decisiones informadas y poder elegir trabajar en estas empresas. Hay que darles a los jóvenes la posibilidad de apostar por empresas que trabajen con una cadena de valor con un impacto social positivo. También es necesario sensibilizar al consumidor para elegir estos modelos. 

Otro gran desafío que tiene América Latina es acceder al capital, al financiamiento, para que estos modelos puedan prosperar. En los últimos meses se han desarrollado tres fondos de inversión, o company builders, en Argentina. Hasta hace poco no existían este tipo de fondos que apuesten por empresas sociales.

Otro desafío es el respaldo jurídico a este tipo de empresas. En América Latina no existen figuras jurídicas específicas para estos modelos. Uno se las rebusca como emprendedor y busca encajar en los formatos de asociación civil, por ejemplo, pero muchos no calzan en estos modelos. Esos vacíos legales son el principal desafío de nuestra región.

En Argentina esto parece estar revertiéndose, con la Ley de Emprendedores, y el proyecto de ley BIC para empresas B. ¿Cómo evalúas estas novedades jurídicas? 

Me parece muy bueno que estas leyes o proyectos de ley se estén abordando en Argentina. Es un gran avance. Creo que estamos en un periodo de transición. Las empresas B están jugando un rol importante para marcar nuevos caminos para una economía más sostenible, más humana. Sin embargo, no creo que éste sea el punto de llegada. A mí gusto creo que el punto clave son las empresas sociales. Considero que todo el ecosistema de negocios debería tener un rol en el desarrollo social y sustentable. Creo que toda empresa debe preguntarse para qué hace lo que hace, y que el lucro ya no sea el fin en sí mismo, sino que sea un medio para mejorar la calidad de vida de las personas. 
 

¿Usted percibe diferencias entre una empresa B y una empresa social?  

Sí, veo diferencias. Hay un gran debate detrás de esto. La empresa B busca el triple impacto: generar beneficios económicos pero a la vez generar impactos sociales y ambientales positivos. Ahora lo que no tiene la empresa B es un techo al lucro, un límite al beneficio económico. Esto no está reglamentado y cada empresa B puede elegir qué posición tomar. Cuando hablamos de empresas sociales implica que la ganancia se reinvierte en el beneficio social. En la empresa B esto no queda claro, queda a libertad de cada empresario. Igual creo que el modelo de Empresas B es válido, creo que es una figura de transición. Espero que pronto la Argentina pueda tener una figura jurídica que ayude a posicionar este tipo de modelo empresario. 
 

¿Cuál cree que es la mayor oportunidad que tienen las grandes empresas de impulsar las empresas sociales en su cadena de suministro?

Creo que las grandes empresas están cada vez más alertas de las oportunidades que trae desarrollar proveedores sociales en su cadena. Pero estos temas todavía se llevan adelante desde el área o gerencia de RSE o sustentabilidad. Creo que todavía está pendiente que las áreas de compras de las multinacionales comiencen a percibir estas oportunidades. Pero creo que existe la intención de buscar un buen proveedor social para cierto producto o servicio. Hay productos como las bolsas o los regalos corporativos que ya se han instalado en el imaginario como una oportunidad para desarrollar proveedores sociales. Pero falta ir más allá, incluir los productos y servicios críticos de la empresa. No hay que tenerle miedo a que la calidad de los productos y servicios sea menor porque les aseguro que la empresa social también se ocupa de ser competitiva, de mejorar sus estándares para salir a competir en el mercado. Creo que el mayor desafío no es el tema de la calidad, sino de buscar mejores tiempos de pago. La empresa social comúnmente no tiene estructura financiera para esperar un pago a 90 días. Esos son los cambios que la empresa grande debe considerar reconfigurar para flexibilizar sus tiempos y condiciones de pago. 

 

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