
Un ataque contra el buque mercante Tihamah, ocurrido el 12 de agosto frente a Yemen y atribuido a combatientes hutíes, dejó muertes entre la tripulación y agravó la crisis del tránsito marítimo en el Mar Rojo y el estrecho de Ormuz. El episodio reaviva el debate sobre cómo reducir la dependencia de rutas únicas: diversificación energética, nearshoring y economía circular se perfilan como estrategias de sostenibilidad con impacto directo en la resiliencia del comercio global.
Según datos de la ONU, el paso de buques por Ormuz cayó veinte veces respecto del promedio habitual, unos 6.000 tripulantes y 500 buques permanecen atrapados en la zona, y las exportaciones de gas natural licuado y urea se redujeron 95% y 83%, respectivamente.
El hecho confirma una tendencia ya señalada por organismos y analistas: el control de los «choke points» del comercio —Suez, Mar Rojo, Panamá y Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte de la energía mundial— se consolidó como herramienta de presión geopolítica, con capacidad de comprometer hasta el 70% del comercio internacional. Ante la inseguridad en Suez, las navieras desviaron buques hacia el Cabo de Buena Esperanza, con trayectos más largos, fletes más caros y mayores emisiones, lo que la UNCTAD calificó como una «necesidad urgente de adaptaciones rápidas» del sector.
Frente a este escenario, la sostenibilidad gana peso como factor de resiliencia económica, no solo ambiental. Naciones Unidas impulsa la transición a combustibles de emisiones cero en el transporte de mercancías y la digitalización portuaria para dar trazabilidad y agilidad al comercio. En el sector privado, navieras como Maersk apuestan a mayor flexibilidad logística, mientras especialistas destacan el avance del nearshoring y la diversificación de proveedores como vías para reducir la dependencia de rutas únicas. La apuesta por energías renovables suma un beneficio adicional: menor exposición a la volatilidad de corredores energéticos críticos como Ormuz.
La economía circular aparece como un complemento concreto frente a esta vulnerabilidad. Al recuperar materiales mediante reciclaje, refabricación, reparación y reacondicionamiento, y al desarrollar mercados locales de proveedores circulares, las empresas reducen su dependencia de insumos importados que hoy dependen de rutas marítimas expuestas a conflictos como el del Mar Rojo. Según el Foro Económico Mundial, este modelo permite sustituir materias primas primarias por secundarias cuando el acceso a recursos se ve comprometido, mientras que la logística inversa —recuperar y reacondicionar productos ya en circulación— protege a las compañías de la volatilidad de los mercados internacionales y de los costos de transporte de materiales nuevos.
Para la OCDE, ninguna de estas estrategias sustituye la cooperación internacional: solo un sistema comercial normalizado y la libertad de navegación garantizada permitirán sostener cadenas de suministro abiertas. Diversificación, digitalización, energías limpias y cooperación multilateral aparecen así como los ejes para sostener el comercio global en un contexto de conflictos geopolíticos cada vez más ligados a la logística.
