
Rebeca Grynspan, Carolyn Rodrigues‑Birkett y Rafael Grossi encabezan la carrera para suceder a António Guterres. Sus trayectorias expresan tres enfoques diferentes: reforma financiera, justicia climática y transición energética nuclear.
La elección del próximo secretario general de las Naciones Unidas también definirá qué lugar ocupará la sostenibilidad en una organización golpeada por las guerras, la crisis financiera y el retroceso de la Agenda 2030.
La costarricense Rebeca Grynspan encabezó la primera votación informal del Consejo de Seguridad con diez votos de aliento. La siguieron Carolyn Rodrigues‑Birkett, de Guyana, con nueve, y el argentino Rafael Grossi, con siete. La consulta no es vinculante y todavía no permite conocer si alguno enfrenta el veto de un miembro permanente.
Rebeca Grynspan: reformar las finanzas globales
Economista, exvicepresidenta de Costa Rica y secretaria general de ONU Comercio y Desarrollo —UNCTAD—, actualmente en licencia especial, Grynspan ofrece la visión más integral de la sostenibilidad. Su diagnóstico conecta deuda, desigualdad, comercio, inversión y crisis climática.
Su prioridad es reformar una arquitectura financiera que obliga a muchos países en desarrollo a elegir entre pagar la deuda e invertir en salud, educación o acción climática. También propone aumentar la capacidad de préstamo de los bancos multilaterales y movilizar capital privado hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Grynspan no plantea reemplazar al Estado por las empresas. Les asigna, sin embargo, un papel decisivo para cerrar una brecha anual de inversión en los ODS estimada por UNCTAD en billones de dólares. Su enfoque podría definirse como una alianza regulada entre recursos públicos, banca multilateral y capital privado.
En igualdad de género exhibe un antecedente concreto: bajo su gestión, UNCTAD alcanzó por primera vez la paridad en sus niveles superiores. En su diálogo ante la Asamblea General afirmó que las mujeres no deben ser consideradas únicamente desde sus vulnerabilidades, sino como agentes capaces de transformar la realidad.
Fortaleza: vincula sostenibilidad ambiental, deuda y desigualdad.
Interrogante: cuánto control público propone sobre el capital privado movilizado para financiar los ODS.
Carolyn Rodrigues‑Birkett: la voz de los países vulnerables
Nacida en Santa Rosa, una comunidad indígena arawak de Guyana, Rodrigues‑Birkett fue ministra de Asuntos Amerindios, canciller y actualmente representa a su país ante la ONU. Su propuesta se construye desde la experiencia de los pequeños Estados, que contribuyen poco a la crisis climática pero padecen algunos de sus efectos más graves.
Rodrigues‑Birkett reclama que la adaptación y el financiamiento de pérdidas y daños dejen de ser promesas de difícil acceso. También propone tratar el cambio climático como una amenaza para la paz y la seguridad, fortalecer los sistemas de alerta temprana y dar mayor atención a océanos, pesca ilegal y biodiversidad marina.
Su candidatura tiene, no obstante, una contradicción inevitable: representa a uno de los países con mayor expansión petrolera del mundo. Guyana busca combinar la explotación de enormes reservas operadas por un consorcio encabezado por ExxonMobil con la conservación de sus bosques y una estrategia nacional de desarrollo bajo en carbono. Esa convivencia entre liderazgo climático y aceleración fósil será uno de los principales desafíos de credibilidad de su propuesta.
Su origen indígena y su gestión de reclamos territoriales aportan experiencia en inclusión. Pero su declaración de visión ofrece menos precisiones sobre debida diligencia empresarial, corrupción y control de los ingresos provenientes del petróleo.
Fortaleza: coloca la adaptación y la vulnerabilidad en el centro.
Contradicción: representa a una economía que apuesta simultáneamente por los bosques y por una expansión petrolera de gran escala.
Rafael Grossi: el átomo como respuesta climática
El argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, presenta la visión más tecnológica. Su experiencia está concentrada en seguridad nuclear, no proliferación y diplomacia en escenarios críticos como Ucrania e Irán.
En materia climática sostiene que la energía nuclear debe formar parte de la transición hacia las emisiones netas cero. Bajo su conducción, el OIEA amplió su presencia en las cumbres climáticas y promovió reactores modulares, integración con energías renovables y aplicaciones nucleares en agricultura, agua y salud.
Grossi es también quien expresa más claramente su disposición a conversar con empresas, industrias y productores de energía. En su diálogo como candidato afirmó que la respuesta climática requiere involucrar incluso a los sectores que están en el origen del problema.
En género posee un resultado verificable: el OIEA alcanzó la paridad en puestos superiores y creó programas para ampliar la presencia de mujeres en el sector nuclear.
Su plataforma, sin embargo, desarrolla menos la dimensión social de la transición. Hay pocas definiciones sobre reconversión laboral, protección social, comunidades afectadas o distribución de los costos y beneficios de la descarbonización.
Fortaleza: experiencia concreta en energía y negociación internacional.
Vacío: una visión climática más tecnológica que social.
Las diferencias centrales
| Tema | Grynspan | Rodrigues‑Birkett | Grossi |
|---|---|---|---|
| Eje principal | Finanzas y desarrollo | Justicia climática | Energía y tecnología |
| Crisis climática | Mitigación, adaptación y deuda | Adaptación y pérdidas y daños | Descarbonización nuclear |
| Empresas | Movilizar inversión privada | Pocas definiciones regulatorias | Diálogo directo con la industria |
| Carbono cero | Transición financiable y justa | Vulnerabilidad de pequeños Estados | Nuclear como fuente baja en carbono |
| Derechos humanos | Integrados al desarrollo | Inclusión indígena y territorial | Principalmente seguridad y paz |
| Igualdad de género | Paridad en UNCTAD | Representación indígena y femenina | Paridad en el OIEA |
| Trabajo decente | Presente, pero poco desarrollado | Sin propuestas detalladas | Principal vacío de su transición |
| Corrupción | Transparencia institucional general | Tema sensible por la renta petrolera | Integridad administrativa |
| Principal tensión | Dependencia del capital privado | Liderazgo climático y auge petrolero | Tecnología sin suficiente transición social |
Los tres candidatos coinciden en que la ONU necesita recuperar capacidad de ejecución y trabajar con gobiernos, empresas y sociedad civil. Ninguno presenta todavía una agenda especialmente desarrollada sobre trabajo decente, corrupción empresarial o mecanismos obligatorios de rendición de cuentas.
La diferencia está en el punto de partida. Grynspan piensa la sostenibilidad desde las finanzas globales; Rodrigues‑Birkett, desde la vulnerabilidad climática; Grossi, desde la energía y la tecnología. La elección también determinará cuál de esas tres perspectivas tendrá mayor influencia en la agenda internacional a partir de 2027.
