La industria informática se une a la lucha contra el cambio climático

23.08.2011 | Contratapa

Google e Intel quieren convertirse en adalides de la lucha del sector tecnológico en favor del medioambiente y en contra del cambio climático. Con ese objetivo, ambas firmas han puesto en marcha una iniciativa conjunta, al que se han sumado la mayor parte de los gigantes de la industria como Microsoft, HP o IBM, con el objetivo de reducir el consumo energético de los equipos informáticos por un importe de 4.200 millones de euros en 2010.


 

En una reunión con analistas celebrada ayer los directivos de Intel y Google señalaron que los ordenadores de sobremesa derrochan la mitad de la energía, y apuntan que el 90% de ellos no tienen herramientas para controlar el consumo eléctrico. En la misma línea, los servidores despilfarran cerca de un tercio de la energía consumida.
Erik Teetzel, responsable de Programas Técnicos de Google, señaló que entre los objetivos de la iniciativa figura el impulso a la producción y la distribución de ordenadores más eficientes en el uso de energía. Además, las empresas participantes se comprometen a introducir herramientas de gestión y control de la electricidad. De igual manera, han pedido a empresas y consumidores que se comprometan a adquirir equipos de bajo consumo de energía. En definitiva, parecen querer aplicar a la informática unos cánones similares a los que se manejan en los electrodomésticos, que se catalogan por letras en función de su consumo de energía.
En este sentido, las empresas participantes recordaron que la mitad de la energía se pierde en forma de calor, una situación que al mismo tiempo contribuye a aumentar el consumo de aire acondicionado en los lugares donde están ubicados los equipos.
Los especialistas de Intel y Google han calculado que la incorporación de mejoras a los equipos para que consuman menos energías repercutirá en el precio. Así, un ordenador de sobremesa podría costar 20 dólares más mientras que el sobrecoste para un servidor sería de 30 dólares.
Ahora bien, Teetzel señaló que el ahorro de energía en el primer y segundo año compensaría los gastos sobrevenidos de la mejora, añadiendo que el sobreprecio irá reduciéndose progresivamente.
La aplicación de estas medidas contribuirá, según los impulsores del plan, a reducir las emisiones de CO2 en un volumen de 54 millones de toneladas al año. La cifra es considerable puesto que equivaldría a la contaminación generada por 11 millones de automóviles, cantidad que supone en torno a un 50% del parque móvil español.
'También equivaldría a eliminar 20 centrales generadoras de electricidad con tecnología de carbón o plantar 65.000 kilómetros cuadrados de árboles', señaló Gordon Graylish, vicepresidente de Ventas y Marketing de Intel en la región de EMEA (Europa, África y Oriente Medio).
Desde luego, el cumplimiento de los planes es una auténtico desafío para el sector. Según un reciente informe de la consultora Gartner Group, la industria de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones genera en torno al 2% de las emisiones globales de CO2. Diversos expertos habían advertido de los riesgos del crecimiento. Jonathan Koomey, profesor de la Universidad de Stanford, señaló recientemente que la electricidad consumida por los servidores se ha doblado en el último lustro y aumentará en torno a un 75% hasta 2010. Una tendencia que el plan creado por Google e Intel pretende corregir.
Las empresas aplican planes individuales
En las últimas semanas, algunas empresas tecnológicas han puesto en marcha proyectos para reducir el consumo de electricidad. Uno de los últimos ejemplos fue IBM, que a principios de mayo anunció que iba a destinar un total de 1.000 millones de dólares (unos 740 millones de euros) para mejorar la eficiencia energética de los centros de datos. El gigante azul señaló que su iniciativa, denominada Proyecto Big Green (y en la que trabajan casi un millar de empleados), permitirá ahorrar más de 5.000 millones de kilovatios/hora al año.
Con anterioridad, Sun Microsystems inició en el año 2005 un plan de política corresponsable que comenzó con el lanzamiento del procesador UltraSparc T1, que incluyó una drástica reducción del consumo de electricidad.
También Steve Jobs recogió las demandas de diversas organizaciones ecologistas como Greenpeace (que había criticado anteriormente con dureza al creador del Mac y el iPod) y se comprometió a que Apple reduciría el uso de arsénico y PVC en los equipos. Hewlett Packard es otra de las empresas apuntada a esta tendencia verde. Sin ir más lejos, el gigante estadounidense aseguró a principios de esta semana que el nuevo centro de computación que se va a crear en Murcia (donde se albergará el superordenador Ben Arabí) empleará mayoritariamente energías renovables. HP también quiere aplicar esta política en otros países europeos como Irlanda.
De rivales a aliados
La iniciativa ha unido a empresas competidoras en sus respectivos segmentos de negocio. Así, se han incorporado grandes firmas como Microsoft, IBM, HP, Dell, Lenovo, AMD, Sun, Hitachi, Fujitsu, NRC, EMC, Ebay, Unisys o la Fundación Linux.
(Cinco Días)

En una reunión con analistas celebrada ayer los directivos de Intel y Google señalaron que los ordenadores de sobremesa derrochan la mitad de la energía, y apuntan que el 90% de ellos no tienen herramientas para controlar el consumo eléctrico. En la misma línea, los servidores despilfarran cerca de un tercio de la energía consumida.

Erik Teetzel, responsable de Programas Técnicos de Google, señaló que entre los objetivos de la iniciativa figura el impulso a la producción y la distribución de ordenadores más eficientes en el uso de energía. Además, las empresas participantes se comprometen a introducir herramientas de gestión y control de la electricidad. De igual manera, han pedido a empresas y consumidores que se comprometan a adquirir equipos de bajo consumo de energía. En definitiva, parecen querer aplicar a la informática unos cánones similares a los que se manejan en los electrodomésticos, que se catalogan por letras en función de su consumo de energía.

En este sentido, las empresas participantes recordaron que la mitad de la energía se pierde en forma de calor, una situación que al mismo tiempo contribuye a aumentar el consumo de aire acondicionado en los lugares donde están ubicados los equipos.
Los especialistas de Intel y Google han calculado que la incorporación de mejoras a los equipos para que consuman menos energías repercutirá en el precio. Así, un ordenador de sobremesa podría costar 20 dólares más mientras que el sobrecoste para un servidor sería de 30 dólares.
Ahora bien, Teetzel señaló que el ahorro de energía en el primer y segundo año compensaría los gastos sobrevenidos de la mejora, añadiendo que el sobreprecio irá reduciéndose progresivamente.

La aplicación de estas medidas contribuirá, según los impulsores del plan, a reducir las emisiones de CO2 en un volumen de 54 millones de toneladas al año. La cifra es considerable puesto que equivaldría a la contaminación generada por 11 millones de automóviles, cantidad que supone en torno a un 50% del parque móvil español.
'También equivaldría a eliminar 20 centrales generadoras de electricidad con tecnología de carbón o plantar 65.000 kilómetros cuadrados de árboles', señaló Gordon Graylish, vicepresidente de Ventas y Marketing de Intel en la región de EMEA (Europa, África y Oriente Medio).

Desde luego, el cumplimiento de los planes es una auténtico desafío para el sector. Según un reciente informe de la consultora Gartner Group, la industria de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones genera en torno al 2% de las emisiones globales de CO2. Diversos expertos habían advertido de los riesgos del crecimiento. Jonathan Koomey, profesor de la Universidad de Stanford, señaló recientemente que la electricidad consumida por los servidores se ha doblado en el último lustro y aumentará en torno a un 75% hasta 2010. Una tendencia que el plan creado por Google e Intel pretende corregir.

Las empresas aplican planes individuales
En las últimas semanas, algunas empresas tecnológicas han puesto en marcha proyectos para reducir el consumo de electricidad. Uno de los últimos ejemplos fue IBM, que a principios de mayo anunció que iba a destinar un total de 1.000 millones de dólares (unos 740 millones de euros) para mejorar la eficiencia energética de los centros de datos. El gigante azul señaló que su iniciativa, denominada Proyecto Big Green (y en la que trabajan casi un millar de empleados), permitirá ahorrar más de 5.000 millones de kilovatios/hora al año.

Con anterioridad, Sun Microsystems inició en el año 2005 un plan de política corresponsable que comenzó con el lanzamiento del procesador UltraSparc T1, que incluyó una drástica reducción del consumo de electricidad.
También Steve Jobs recogió las demandas de diversas organizaciones ecologistas como Greenpeace (que había criticado anteriormente con dureza al creador del Mac y el iPod) y se comprometió a que Apple reduciría el uso de arsénico y PVC en los equipos. Hewlett Packard es otra de las empresas apuntada a esta tendencia verde. Sin ir más lejos, el gigante estadounidense aseguró a principios de esta semana que el nuevo centro de computación que se va a crear en Murcia (donde se albergará el superordenador Ben Arabí) empleará mayoritariamente energías renovables. HP también quiere aplicar esta política en otros países europeos como Irlanda.

De rivales a aliados
La iniciativa ha unido a empresas competidoras en sus respectivos segmentos de negocio. Así, se han incorporado grandes firmas como Microsoft, IBM, HP, Dell, Lenovo, AMD, Sun, Hitachi, Fujitsu, NRC, EMC, Ebay, Unisys o la Fundación Linux.
(Cinco Días)