Retiran inversiones por fallas éticas

22.08.2011 | Mundo

El Gobierno de Noruega administra el fondo público más grande de Europa. En vez de orientar sus ahorros hacia el mejor rendimiento, los noruegos los aplican a implementar un código de ética creado en el 2004. Retiraron inversiones de grandes empresas de EE.UU. alegando "fallas éticas". En junio, Noruega agregó a su lista a Wal-Mart y vendió más de 400 millones de dólares de acciones de la estadounidense. La acusa de tolerar el trabajo infantil en las plantas de sus proveedores de países pobres y de obstruir la sindicalización.


 

Noruega, el tercer exportador mundial de petróleo, amasó una fortuna de más de 300.000 millones de dólares en los últimos diez años. En 1996, el gobierno creó para sus ingresos petroleros una reserva especial, hoy llamada Fondo de Pensiones. Para no recalentar la economía, el Fondo no puede invertir en Noruega. Gracias al precio del crudo, se trata del fondo público más grande de Europa, que en diez años podría valer hasta 900.000 millones de dólares (unos 180.000 dólares por cada noruego).
Pero pocos países son tan ambivalentes respecto de su enorme riqueza como esta sociedad modesta, de menos de cinco millones de personas y fuerte conciencia social. En vez de orientar sus impresionantes ahorros hacia el mejor rendimiento, los noruegos los aplican a implementar un código de ética creado en el 2004.
No es raro que fondos públicos de pensión de Europa y EE.UU. eludan a ciertas empresas esgrimiendo razones sociales o éticas. Menos común es que sea un estado soberano el que emita esos juicios, y que se pronuncie de modo tan directo. Entre las primeras empresas excluidas por las pautas estaban los fabricantes de bombas de racimo y de armas nucleares o componentes, una lista que incluye a Northrop Grumman, Boeing y Lockheed Martin.
En junio, Noruega agregó a su lista a Wal-Mart y vendió más de 400 millones de dólares de acciones de la estadounidense. La acusa de tolerar el trabajo infantil en las plantas de sus proveedores de países pobres y de obstruir la sindicalización en EE.UU.
Eso desató una airada protesta del embajador de EE.UU. en Noruega, Benson Whitney, quien acusó a Oslo de un proceso de análisis desprolijo que discrimina a firmas estadounidenses.
Whitney, un capitalista de riesgo de Minessota vinculado al gobierno de Bush, dijo que Noruega no tiene una política coherente para separar lo bueno de lo malo. "No creo que el gobierno noruego entienda el poder que implica ser uno de los principales inversores del mundo.". Doce de las 21 empresas excluidas son estadounidenses.
"Combinamos una gestión profesional de fondos con un enfoque ético", dice Kristin Halverson, ministra de economía de Noruega. El Fondo rindió 7,9% en 2006, un resultado levemente superior a la meta del gobierno.
Halverson, que timonea el ministerio que controla uno de los fondos más ricos del mundo, proviene del Partido de la Izquierda Socialista, apoyado por estudiantes, docentes e intelectuales de izquierda.
"Somos dueños de una porción del mundo", dice Henrik Syse, jefe del departamento de conducta empresaria del Fondo en el banco central de Noruega. Filósofo moral de profesión, Syse sostiene que el intento de influir sobre la conducta de las empresas se basa en Aristóteles, Kant y Mill.
(NYT Especial para Clarín- Traducción de Susana Manghi)

Noruega, el tercer exportador mundial de petróleo, amasó una fortuna de más de 300.000 millones de dólares en los últimos diez años. En 1996, el gobierno creó para sus ingresos petroleros una reserva especial, hoy llamada Fondo de Pensiones. Para no recalentar la economía, el Fondo no puede invertir en Noruega. Gracias al precio del crudo, se trata del fondo público más grande de Europa, que en diez años podría valer hasta 900.000 millones de dólares (unos 180.000 dólares por cada noruego).

Pero pocos países son tan ambivalentes respecto de su enorme riqueza como esta sociedad modesta, de menos de cinco millones de personas y fuerte conciencia social. En vez de orientar sus impresionantes ahorros hacia el mejor rendimiento, los noruegos los aplican a implementar un código de ética creado en el 2004.
No es raro que fondos públicos de pensión de Europa y EE.UU. eludan a ciertas empresas esgrimiendo razones sociales o éticas. Menos común es que sea un estado soberano el que emita esos juicios, y que se pronuncie de modo tan directo. Entre las primeras empresas excluidas por las pautas estaban los fabricantes de bombas de racimo y de armas nucleares o componentes, una lista que incluye a Northrop Grumman, Boeing y Lockheed Martin.
En junio, Noruega agregó a su lista a Wal-Mart y vendió más de 400 millones de dólares de acciones de la estadounidense. La acusa de tolerar el trabajo infantil en las plantas de sus proveedores de países pobres y de obstruir la sindicalización en EE.UU.

Eso desató una airada protesta del embajador de EE.UU. en Noruega, Benson Whitney, quien acusó a Oslo de un proceso de análisis desprolijo que discrimina a firmas estadounidenses.
Whitney, un capitalista de riesgo de Minessota vinculado al gobierno de Bush, dijo que Noruega no tiene una política coherente para separar lo bueno de lo malo. "No creo que el gobierno noruego entienda el poder que implica ser uno de los principales inversores del mundo.". Doce de las 21 empresas excluidas son estadounidenses.
"Combinamos una gestión profesional de fondos con un enfoque ético", dice Kristin Halverson, ministra de economía de Noruega.

El Fondo rindió 7,9% en 2006, un resultado levemente superior a la meta del gobierno.
Halverson, que timonea el ministerio que controla uno de los fondos más ricos del mundo, proviene del Partido de la Izquierda Socialista, apoyado por estudiantes, docentes e intelectuales de izquierda.
"Somos dueños de una porción del mundo", dice Henrik Syse, jefe del departamento de conducta empresaria del Fondo en el banco central de Noruega. Filósofo moral de profesión, Syse sostiene que el intento de influir sobre la conducta de las empresas se basa en Aristóteles, Kant y Mill.
(NYT Especial para Clarín- Traducción de Susana Manghi)