
En su más reciente estudio de tendencias en sostenibilidad empresarial para 2026 ComunicarSe, identificó el regreso de la energía nuclear. Lo que aparecía como una apuesta emergente, comenzó a consolidarse durante los primeros meses de 2026 con una serie de movimientos empresariales, financieros y tecnológicos que refuerzan la tendencia detectada por el estudio.
“El debate ya no pasa por si la energía nuclear puede volver o no, sino por el hecho de que la economía digital está acelerando ese regreso”, señala Alejandro Langlois, director de ComunicaRSE y responsable del estudio. “La expansión de la inteligencia artificial y los centros de datos está generando una demanda energética tan grande que muchas empresas empiezan a priorizar no solo energía limpia, sino energía limpia y confiable”.
Entre las señales identificadas originalmente por el estudio aparecían tres fenómenos centrales: la posibilidad de que el World Bank flexibilice su histórica restricción al financiamiento nuclear; el compromiso firmado por grandes empresas para triplicar la capacidad nuclear mundial hacia 2050; y la decisión de Meta de explorar acuerdos nucleares para abastecer el crecimiento energético derivado de la inteligencia artificial.
A esos indicios ahora se suman nuevos hechos que muestran que la tendencia no solo continúa, sino que se acelera.
Uno de los principales cambios de 2026 es la creciente asociación entre IA y energía nuclear. La Agencia Internacional de Energía (IEA) advirtió este año que la demanda eléctrica mundial estará impulsada por el crecimiento de los centros de datos, la computación en la nube y la inteligencia artificial, en lo que algunos analistas ya describen como una nueva “era de la electrificación digital”.
En ese contexto, Meta avanzó en acuerdos con compañías nucleares para asegurar energía destinada a sus operaciones de IA, mientras que Microsoft comenzó a revisar algunos de sus objetivos energéticos originales debido al fuerte aumento de consumo asociado a sus plataformas tecnológicas. El fenómeno empieza a modificar incluso la narrativa histórica del sector corporativo sobre energía renovable.
“Hace unos años el discurso era que la transición podía sostenerse únicamente con solar y eólica. Hoy muchas empresas están reconociendo que ciertas operaciones críticas requieren también fuentes de generación continua”, explica Langlois. “Eso no implica abandonar renovables, sino pasar hacia matrices híbridas donde la estabilidad del suministro se vuelve estratégica”.
El informe de tendencias de ComunicaRSE también había anticipado otro elemento clave: la creciente colaboración entre empresas tecnológicas, sector financiero y actores públicos alrededor del desarrollo nuclear. Esa dinámica se fortaleció este año con nuevas inversiones en reactores modulares pequeños (SMR), tecnologías que prometen menores costos operativos, más flexibilidad y mayores estándares de seguridad.
Gigantes tecnológicos como Amazon y Google comenzaron además a involucrarse más activamente en proyectos energéticos vinculados a infraestructura digital, mientras el sector financiero muestra señales de renovado interés en tecnologías nucleares consideradas hasta hace poco demasiado riesgosas.
La geopolítica también está influyendo en el cambio. Las tensiones sobre seguridad energética, la presión sobre las redes eléctricas y la volatilidad de los mercados energéticos están llevando a gobiernos y empresas a reconsiderar el papel de la energía nuclear como fuente estable y resiliente.
Sin embargo, el regreso nuclear sigue generando controversias. Persisten críticas vinculadas a costos, residuos radiactivos, tiempos de construcción y aceptación social. También crece el debate sobre si el nuevo entusiasmo de las grandes tecnológicas responde realmente a objetivos climáticos o a la necesidad de sostener el crecimiento exponencial de la IA.
Aun así, la señal de fondo parece clara: la energía nuclear dejó de ser un tema marginal dentro de las agendas corporativas de sostenibilidad y comienza a instalarse como una de las grandes discusiones energéticas de la próxima década.
“La transición energética ya no se está definiendo únicamente en el sector energético”, concluye Langlois. “Se está definiendo en los centros de datos, en la inteligencia artificial y en la disputa por quién podrá garantizar electricidad limpia, estable y suficiente para sostener la nueva economía digital”.
